Esta pieza,
de principios del siglo XIX, es de estilo
neoclásico.
Las columnas,
cornisas y molduras son sobrias, pero el resto de los
espacios tiene decoración fina, delgada y
saturada.
Se presume que el
retablo es resultado de las tendencias artísticas
del neoclásico, que comenzó a manifestarse
en Yucatán a principios del siglo XIX.
Por otra parte,
incluye reminiscencias del estilo barroco que le
precedía y que trataba de tener todos los espacios
saturados con decoración en "movimiento", por la
luz y sombra.
El retablo fue
desmontado de manera total, cada pieza fue sometida a un
procedimiento de limpieza exhaustiva y se le
aplicó insecticida, para evitar que termitas y
hongos, entre otros agentes nocivos, las
destruyan.
Antes de reintegrar
las piezas se instalaron 18 nuevos puntos de anclaje para
sujetar la estructura, por medio de maderos cuadrados que
se afianzan mejor a la pared y el retablo.
Se aplicó
una pintura base blanca y se delinearon, en color crema,
las molduras que serán recubiertas en hoja de oro
de 23.5 quilates.
También se
restaurará y consolidará un frontal de
cedro de características similares al retablo, con
respecto al color y diseño.
Un frontal es una
estructura que va en la parte delantera del altar del
templo, y es complemento ideal del conjunto de arte
sacro.